Letrero de Ford. Imagen destacada: Abhishek Mamidipally/Unsplash.
Ford quedó en el centro de una disputa política e industrial en Estados Unidos por sus vínculos con empresas chinas. El secretario de Transporte, Sean P. Duffy, pidió a la automotriz reducir su relación con CATL, Geely y otras compañías, argumentando riesgos de dependencia tecnológica y fabricación. Ford rechazó esa interpretación y afirmó que las críticas contienen errores sobre la propiedad y el control de sus operaciones.
El conflicto escaló el 9 de septiembre de 2026, cuando legisladores republicanos se sumaron públicamente a los cuestionamientos formulados un día antes por el Departamento de Transporte. El debate incluye la licencia de tecnología de baterías de CATL para una planta en Michigan, los planes industriales de Ford y Geely en Europa y la producción del Lincoln Nautilus en China hasta 2030.
Qué cuestiona el Gobierno de Estados Unidos
En un comunicado oficial publicado el 8 de septiembre, el Departamento de Transporte sostuvo que Ford está aumentando su dependencia de tecnología y manufactura china. La autoridad mencionó específicamente el uso bajo licencia de tecnología de Contemporary Amperex Technology Co. Limited, más conocida como CATL, en BlueOval Battery Park Michigan.
La instalación estadounidense es parte de la estrategia de Ford para producir baterías de menor costo. El punto central de la controversia es que la fábrica pertenece a Ford y es operada por la automotriz, pero utiliza conocimiento técnico licenciado por CATL. Para el Gobierno, esa relación genera una dependencia estratégica; para Ford, permite fabricar baterías en Estados Unidos con trabajadores y control local.

Geely, BYD y la producción del Lincoln Nautilus
El documento oficial también cuestionó la relación de Ford con Geely para fabricar vehículos de bajas o cero emisiones en la planta de Valencia, España. Esa instalación necesita nuevos proyectos para mejorar su utilización y conservar actividad industrial. La cooperación con un socio chino puede aportar plataformas, componentes o velocidad de desarrollo, pero al mismo tiempo alimenta el debate político sobre el avance tecnológico de China en la industria europea.
Otro punto es la producción del Lincoln Nautilus en China. El Gobierno estadounidense reprochó que Ford no planee trasladar esa fabricación a Estados Unidos antes de 2030. La autoridad también ha mencionado contactos o posibles acuerdos relacionados con BYD, aunque la situación de cada compañía es distinta y no corresponde presentarlas como una sola alianza consolidada.
La discusión se produce mientras legisladores estadounidenses buscan endurecer las restricciones a vehículos, software y componentes chinos. El presidente del comité de la Cámara de Representantes enfocado en China, John Moolenaar, y el senador Rick Scott respaldaron públicamente las críticas. La controversia, por tanto, ya no se limita a una diferencia entre un ministerio y una empresa: se inserta en la competencia industrial entre las dos mayores economías del mundo.
La respuesta de Ford: inversión y control estadounidense
Ford respondió que la carta del secretario Duffy interpreta de manera equivocada su estrategia. La compañía recalcó que es propietaria de la planta de Michigan, controla sus operaciones y emplea directamente a la fuerza laboral. También señaló que, mientras otros fabricantes importan baterías producidas en China, su plan busca fabricar las celdas dentro de Estados Unidos.
El CEO Jim Farley profundizó la defensa durante la jornada siguiente. Según la cobertura de The Wall Street Journal, el ejecutivo sostuvo que existían malentendidos básicos en las acusaciones y negó haber propuesto facilitar el ingreso de fabricantes chinos mediante empresas conjuntas en territorio estadounidense.

Por qué CATL es clave para la industria eléctrica
CATL es uno de los principales fabricantes mundiales de baterías y posee experiencia en químicas de litio-ferrofosfato, conocidas como LFP. Estas baterías suelen ofrecer un costo menor y buena durabilidad, aunque normalmente almacenan menos energía por kilogramo que algunas alternativas con níquel. Para Ford, acceder a esa tecnología puede ser determinante en el desarrollo de vehículos eléctricos más asequibles.
La dificultad para los fabricantes tradicionales es doble. Necesitan reducir costos para competir con marcas chinas, pero los acuerdos que les permiten conseguirlo pueden ser interpretados como una nueva dependencia. Desarrollar internamente toda la cadena exige tiempo, capital, materias primas y conocimiento industrial; licenciar tecnología acelera el proceso, aunque abre interrogantes políticos y comerciales.
Una tensión que también afecta a Europa y Chile
El conflicto está concentrado en Estados Unidos, pero sus consecuencias potenciales son globales. Si Washington endurece las restricciones sobre baterías, componentes o software chino, los fabricantes podrían reorganizar plataformas, proveedores y plantas. Eso puede modificar costos y disponibilidad de modelos en mercados más pequeños, incluido Chile, aunque por ahora no existe un efecto confirmado sobre la oferta local de Ford.
Europa enfrenta una discusión similar. La industria busca proteger empleo y capacidad productiva mientras varias marcas chinas ganan participación con vehículos eléctricos competitivos. Al mismo tiempo, fabricantes europeos y estadounidenses necesitan asociaciones para acelerar nuevos productos. El traslado del Dacia Spring desde China hacia Europa, informado recientemente por Motor Prime, es otro ejemplo de cómo los incentivos y las reglas de origen están cambiando decisiones industriales.
La controversia no demuestra por sí sola que las operaciones de Ford constituyan un riesgo de seguridad nacional: esa es la posición expresada por autoridades estadounidenses y discutida por la empresa. Lo confirmado es que la presión política aumentó, que Ford defiende el control de su planta y que las baterías se han convertido en un asunto estratégico comparable a la energía, los semiconductores y el software.
Qué puede ocurrir ahora
El próximo paso dependerá del Congreso, de eventuales restricciones regulatorias y de las decisiones de Ford. La automotriz podría mantener sus acuerdos, ajustar su alcance o entregar más antecedentes para demostrar que conserva el control de la producción y los datos. Cualquier cambio tendrá que equilibrar seguridad económica, competitividad y empleo.
Para la industria automotriz, la señal es clara: la competencia con China dejó de ser únicamente una disputa por precios y ventas. Ahora abarca propiedad intelectual, proveedores, plantas, software y autonomía tecnológica. Ford se encuentra en medio de esa transición, defendiendo una estrategia que considera necesaria para competir, mientras el Gobierno estadounidense exige reducir la exposición a empresas chinas.

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